Liderazgo de la Experiencia del Empleado (EX): el diferenciador para competir en servicios

Liderazgo de la Experiencia del Empleado (EX): el diferenciador para competir en servicios

today 16 Ene 2026

En un entorno económico cada vez más marcado por los servicios y la experiencia, las organizaciones enfrentan el desafío de traducir sus estrategias en resultados reales y sostenibles. Aquí planteamos una invitación a reflexionar sobre el papel que juegan las personas y la forma de dirigir en la construcción de ventajas competitivas, y por qué este enfoque se ha vuelto clave para diferenciarse en mercados cada vez más exigentes.

El dinamismo económico colombiano se está jugando, cada vez más, en el terreno de los servicios: allí donde el valor no se “entrega”, sino que se experimenta en cada interacción. Las cifras lo dejan claro: el sector servicios aporta cerca del 60 % del PIB jalonados por los bloques de servicios de salud y educación, y el de comercio, transporte, alojamiento y servicios de comida avanzó, que crecieron 8,0 y 5,6 % respectivamente, aportando cada uno entre 1,3 y 1,2 puntos porcentuales a la variación anual del valor agregado. En un contexto así, pretender construir ventajas competitivas sostenibles sin conectar el liderazgo empresarial con la Experiencia del Empleado (EX) no es una omisión menor: es renunciar a la principal palanca que convierte una estrategia en ejecución consistente.

Por eso, hoy la experiencia del empleado no puede tratarse como un asunto periférico de Recursos Humanos; es, con precisión, un sistema de creación de valor. Se entiende como la percepción integral y acumulativa que el colaborador construye a lo largo de su ciclo de vida en la organización, y exige articular deliberadamente el entorno físico y digital, la cultura, el liderazgo y el balance vida–trabajo en cada etapa: atracción, selección, onboarding, desarrollo, permanencia y salida. La diferencia frente a la gestión tradicional es el cambio de lógica: pasar de administrar procesos a diseñar experiencias, identificando fricciones y “momentos que importan” que determinan la energía, el compromiso y el desempeño real de los equipos.

La razón es simple: la EX ya no es un “indicador de bienestar”. En la actualidad, sus retornos se expresan en resultados financieros y operativos. Las organizaciones con empleados altamente comprometidos reportan incrementos de 21 % a 23 % en rentabilidad y, en paralelo, las unidades de negocio ubicadas en el cuartil superior de compromiso logran hasta 18 % más productividad en ventas. En el frente del cliente, los datos son igual de elocuentes: la lealtad del empleado puede explicar en un 32 % de la varianza en la lealtad del cliente, y las compañías que lideran en experiencia del empleado superan a sus competidores en cerca de 80 % en crecimiento de ingresos. Operativamente, cuando se alinea de forma holística la experiencia del empleado con la del cliente, se observan reducciones del 34,8 % en el esfuerzo del cliente y del 14,9 % en churn, es decir, menos fricción, menos abandono y más continuidad de valor.

El liderazgo como arquitectura de la Experiencia del Empleado

Hablar del liderazgo como “arquitectura” de la EX implica elevar la conversación a diseñadores de experiencias. Es, en la práctica, pensar en el líder como el principal orquestador de los entornos físico, tecnológico y cultural en los que los colaboradores desarrollan su vida laboral.

Y aquí hay un punto decisivo: esa arquitectura no es estática. Funciona como un sistema dinámico que moldea la calidad de las interacciones y determina si los “momentos que importan” (desde el onboarding hasta la gestión del desempeño, desde un pico operativo hasta una conversación difícil) se convierten en fuentes de energía y compromiso… o en fricciones que erosionan la ejecución.

Los pilares de esta arquitectura

  1. Diseño de propósito y significado: el líder conecta el trabajo diario con la misión y el propósito de la empresa, dando dirección y sentido. Cuando las personas entienden por qué su contribución importa, aumenta la claridad y el compromiso. En especial para las nuevas generaciones, no basta con el “qué”: importa el “para qué” y el “cómo”.
  2. Construcción de confianza y seguridad psicológica: el liderazgo debe construir un entorno donde las personas puedan preguntar, proponer y aprender sin temor a represalias. Esto es crítico en periodos de cambio y digitalización. Un líder inclusivo sostiene ese clima con apertura, curiosidad y compromiso, incluso bajo presión.
  3. Configuración del entorno tecnológico y humano en la era de la IA: el líder debe diseñar una colaboración humana–tecnología que potencie la capacidad del equipo, no solo automatice tareas. Si la tecnología se usa para controlar, se pierde autonomía y motivación; si se implementa con formación, reglas claras y propósito, aumenta la adopción y la productividad.
  4. Empoderamiento y personalización del rol: en servicios, el desempeño depende de microdecisiones; por eso el líder debe dar autonomía con reglas claras (qué se decide, estándares y soporte). Así, el colaborador puede ajustar tareas a sus fortalezas (job crafting), elevando el sentido del trabajo y reduciendo el desgaste.
  5. Sistemas de soporte y crecimiento: la EX se sostiene con mentoría, retroalimentación continua y oportunidades reales de desarrollo. Hoy las personas esperan aprendizaje y acompañamiento, no solo salario. Cuando esto existe, mejora la permanencia y la calidad; cuando falta, aumentan la rotación y la desconexión.

Cuando la arquitectura funciona o falla

Lo más relevante para la alta dirección es que esta arquitectura es medible, y su impacto se refleje en el logro de los objetivos de negocio. Cuando el liderazgo falla como arquitecto, suele producirse una desconexión: el colaborador pierde claridad, aumenta la fricción cotidiana y aparece el agotamiento (burnout). En cambio, cuando la arquitectura es sólida, ocurre el efecto contrario: la actitud positiva del trabajador se “filtra” hacia el cliente (leak-out effect), elevando la calidad percibida, la consistencia y la reputación.

En síntesis: el liderazgo no es un componente más de la EX; es el sistema que la hace posible. Y en una economía de servicios, esa arquitectura define si la estrategia se traduce en ejecución sostenible o en resultados intermitentes que dependen del heroísmo individual.

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