Tierras para los campesinos en Colombia: la lucha de César Jerez

Tierras para los campesinos en Colombia: la lucha de César Jerez

today 14 Ene 2026

El liderazgo transformador se construye en escenarios complejos, donde la capacidad de escuchar, trabajar en colectivo y sostener el diálogo resulta clave. Más que imponer, este tipo de liderazgo articula voluntades, enfrenta la incertidumbre con criterio y asume los riesgos de decidir pensando en el bien común. En contextos de tensión, liderar implica generar cohesión, aprender del error compartido y mantener la convicción de que los cambios duraderos nacen del trabajo conjunto.

Grandes manifestaciones en el 2013, que reunieron a campesinos, indígenas, camioneros, mineros y estudiantes de todas las zonas del país, llenaron las principales ciudades y bloquearon las carreteras con camiones y azadones. Sus exigencias acogían diferentes temas, desde replantear cláusulas del TLC con Estados Unidos para poder utilizar semillas propias, hasta garantizar el acceso a la salud y la educación para todos los colombianos. Pero, por encima de todo, una petición se destacó pues era la que prometía alejar de la pobreza a más de 14 millones de familias campesinas, y entregarle tierras a un millón más: tener acceso a las tierras y que el Gobierno reconociera la territorialidad campesina. César Jerez, un geólogo de petróleo y gas de la Academia Estatal Azerbaiyana de Petróleos, fue uno de los principales gestores de este movimiento.

Desde 1998, Jerez hizo parte de la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (ACVC), una de las primeras iniciativas en el país que buscaron ayudar la economía campesina promoviendo las zonas de reserva. Estas zonas buscan evitar la acumulación de tierras por parte de pocos individuos y que, adicionalmente, los terrenos baldíos de Colombia sean asignados prioritariamente a los campesinos con bajos recursos en las regiones. Con este programa, los promotores, entre ellos Jerez, lograron agremiar a 30,000 campesinos, lo que adicionalmente les significó recibir el Premio Nacional de Paz, por parte del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Ya para el 2011, se convirtió en parte de la junta directiva de ANZORC, Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina, que busca representar y organizar a los campesinos del país para promover la figura de reserva en todo el territorio nacional. Sin embargo, estos procesos se vieron obstruidos cuando las amenazas sobre los líderes sociales empezaron a aumentar. Muchos fueron detenidos, otros fueron asesinados y algunos, como Jerez, tuvieron que irse al exilio.

Gracias al inicio de los acuerdos de paz, este líder campesino, nacido en Bucaramanga, pudo regresar al país donde consiguió retomar varios de los procesos que lo convirtieron en un importante referente en las luchas por el agro en Colombia, principalmente en la promoción de las zonas de reserva, tan importantes para el posconflicto. A pesar de haber estado al frente de tantos procesos, Jerez nunca habla en primera persona y esa es, quizá, su virtud más grande: piensa y trabaja siempre en colectivo.

¿Cómo ha logrado convertirse en un abanderado de los derechos de los agricultores colombianos?

Más que de los agricultores yo diría que de un sector del campesinado que está reclamando garantías. Llegué en 1998, después de una movilización que se llamó el éxodo campesino del Magdalena Medio, para trabajar en un plan de desarrollo que le permitiera al valle de este río volverse reserva.  Pero no sólo trabajé en eso, me movía en el tema que me dijeran, el contexto de la violación a los derechos humanos era grave y lo que sobraban eran cosas por hacer. Yo de profesión soy ingeniero, pero, ahí en esa realidad, tuve que desempeñar diferentes cargos, y me pareció que las Zonas de Reserva Campesina eran una posibilidad de iniciar una transformación en términos estructurales en los campos, sobre todo en las zonas periféricas del país.

¿Cómo se configura un paro agrario nacional y qué los motiva? 

Eso es según el contexto. En el 98 la gente protestó contra el paramilitarismo en el Magdalena Medio. Antes del 96 protestaron los campesinos cocaleros y, después, ya en los paros del 2013, muchos lo hicieron por la represión sobre los cultivadores de coca. Entonces, siempre es diferente. Hay que decir que la movilización campesina fue proscrita y duramente reprimida, pero luego, con el proceso de paz, se pudo reactivar porque había más respeto a la protesta social y a la movilización campesina.

¿Cuál es el reto al comunicarse con las comunidades campesinas en Colombia? 

Diría que el reto es cómo sobre una propuesta o una idea se puede construir cohesión y hegemonía, lo que es muy difícil. Eso, porque hay muchos enemigos de las Zonas de Reserva, porque las Zonas representan el antagonismo al latifundio. Es decir, los terratenientes y los latifundistas, y en el último tiempo los mafiosos que lavan dinero con plata del narcotráfico son los antagonistas de los campesinos que defienden las Zonas de Reserva. Entonces, se vuelve un reto: que ese señalamiento y ese estigma permanente sobre las Zonas no sea un impedimento para que la gente reclame las tierras, las reivindique y las vuelva un instrumento. Y ahí entra mucho el tema de la comunicación y de las relaciones públicas. El estar hablando con la gente y llegar a las veredas. Cuando nosotros hemos podido llegar a las veredas la situación cambia.

¿Qué tipo de retos ha tenido que afrontar a lo largo de su carrera? ¿Cómo logró afrontarlos y qué aprendió de ellos?

El más importante es mantenerse vivo. Aquí a los líderes y a los dirigentes campesinos los matan. Hay que estar analizando todo: los sitios a los que uno va, los temas en los que se mete, las denuncias que hace. No se trata de evitarlas, sino de hacerlas conociendo sus implicaciones para poder afrontarlas. El miedo se puede convertir en un factor paralizante. Paraliza la cabeza, las ideas, te puede hacer huir en un momento en el que todavía hay un escenario de interlocución, de diálogo.

¿Qué consejo podría darle a un líder para tomar decisiones asertivas? 

Pienso que el principal consejo es pensar siempre en colectivo. Es más fácil equivocarse cuando se es un dirigente que toma las decisiones solo. Si hay dirección colectiva de un proceso es más difícil, o por lo menos deja luego la terapia de saber que nos equivocamos todos. Yo nunca he querido ser, ni he intentado ser un jefe. He tratado de confiar en mis compañeros y participar con ellos. El punto es ser críticos de manera constructiva y siempre que se pueda, analizar los errores propios. Si todos lo hacemos el equipo crece y su dirigente también. Ahora, las decisiones que toma la mayoría hay que respaldarlas. No hay que sectorizarlas porque tú eras de la minoría que opinaba diferente. Ya dirá el tiempo si nos equivocamos, pero si lo hicimos, lo hicimos todos.

Por María Fernanda Fitzgerald

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