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Educación, empleo y calidad institucional como fuente de competitividad

Aunque el país ha mejorado en diversos frentes a punto de proyectar el mayor crecimiento económico en la región, varias tareas, esencialmente en calidad institucional y en educación, están en espera para incidir favorablemente en la competitividad del país.

Así lo estima Rosario Córdoba Garcés, Presidenta del Consejo Privado de Competitividad (CPC), quien expuso una visión, en desarrollo del evento Perspectivas Económicas 2020, celebrado este martes 11 en el CESA.

Según Rosario Córdoba, ajustes macroeconómicos le permitieron al país recuperarse tras la debacle de los precios del petróleo en 2014, y lo perfilaron como el de mayor crecimiento en el vecindario sudamericano en la actualidad. En efecto, quedó por encima del promedio regional (que alcanza el 1,6%) con 3%, y estimativos del Banco Mundial ponen a Colombia en un crecimiento de entre 3,4% y el 3,6 % al finalizar 2020, e incluso de 3,8 % el próximo año. A ello se suman las mejoras en 10 de los 12 indicadores que maneja el Foro Económico Mundial, así como la reducción de la pobreza, que en todo caso refleja disparidades y amplias brechas.

Sin embargo, el desempleo (10,5%) y la informalidad que hay detrás del trabajo existente; falencias en la formación educativa así como deficiencia en la calidad de las instituciones, son puntos críticos que el país debe resolver si quiere dar pasos seguros y significativos en competitividad.

La ausencia de calidad de las instituciones es un asunto sensible. Estas, en palabras de la presidenta del CPC, son el sistema nervioso de un cuerpo llamado país. Por tanto, mantenerlo sano es la garantía de un debido funcionamiento en diversas dimensiones, y la económica no es la excepción. En tal sentido, ello implica un Estado más eficiente, cero corrupción, una buena administración tributaria, acceso a la justicia, solo por nombrar unos cuantos focos, donde aún parece no verse o percibirse avances. “La gente tiene que sentir que puede confiar en sus instituciones y no salirse del sistema”, explica.

De otro lado, un país no es viable competitivamente hablando si no tiene su talento pertinentemente formado. Así, Colombia debe invertir ingentes esfuerzos en educación donde hay indicadores críticos. “44 de cada 100 termina el grado 11, y cerca del 43% de los que están en grado noveno, según la OCDE, no entienden lo que leen. Por su puesto, es un factor que incide negativamente en la competitividad.

Por último, está el factor empleo, pues la informalidad en este es una constante y poco ayuda a constituir tejido empresarial, cuya consistencia es la que determina desarrollo y riqueza. Y es que apenas el “1% del componente empresarial genera el 67% de empleo formal en Colombia”.

El país debe adoptar fórmulas que conduzcan a una mejor formación (en la base), incluso para hacer empresa o para hacer de las existentes organizaciones más competitivas; apostar por medidas contra la informalidad e intervenir decididamente para hacer de la institucionalidad un escenario vigoroso y de confianza hacia la ciudadanía.

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