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Menos puede ser más en el camino hacia el consumo sostenible

El propósito del consumo sostenible, definido desde diferentes actores como la academia, las organizaciones y los gobiernos, ha tenido como punto de partida que muchas de las problemáticas y retos, bajo los que se plantea la necesidad de un desarrollo más sostenible, se originan en patrones de consumo que sobrepasan la capacidad de los recursos naturales y han generado una presión sobre los límites del planeta. Sin embargo, este propósito se ha convertido en muchos casos en un ideal. El paso de actitudes y buenas intenciones a acciones concretas a favor del medio ambiente, por parte del individuo, ha sido un reto difícil de sobrepasar.

Este reto es lo que desde la literatura sobre consumo sostenible y comportamientos pro-ambientales se ha denominado el “green gap”; es decir, esa brecha entre lo que la gente piensa y dice que quiere hacer, y lo que realmente hace en su día a día (Hornik et al., 1995). De ahí, que diferentes estudios se hayan enfocado en identificar mecanismos para cerrar esa brecha y lograr que los individuos actúen de forma sostenible.

Un posible mecanismo ha sido planteado desde la teoría del “spillover comportamental”. Este efecto de “derrame” ha sido definido como el potencial que tiene un comportamiento inicial de generar la adopción de otro comportamiento en el futuro (Nilsson et al., 2017; Thøgersen, 1999; Truelove et al., 2014).

Desde el concepto del consumo sostenible, esto significaría que cuando un individuo adopta un primer comportamiento de tipo proambiental, este comportamiento puede actuar como una puerta de entrada para que ese mismo individuo decida adoptar otros comportamientos que también favorezcan el medio ambiente. Así, una acción sostenible llevaría a la gente a más acciones sostenibles, sobrepasando las barreras que muchas veces se han establecido desde los factores actitudinales y de intención.

¿Qué características tienen estos comportamientos pro-ambientales para ser capaces de influir unos en otros?

Aun cuando pocos estudios se han enfocado en analizar las particularidades de los comportamientos pro-ambientales para entender cómo esas características pueden o no favorecer la adopción de otras acciones sostenibles, la literatura previa sobre los efectos “spillover” ha resaltado que, para lograr un spillover positivo, es importante que estos comportamientos sean similares, ya sea porque comparten recursos o porque están orientados a un objetivo común (Margetts and Kashima, 2017).

Otros estudios han abordado la dificultad de los comportamientos como una característica clave que puede influir en la adopción a través de ese efecto “spillover”. Por ejemplo, investigadores de la Universidad de Queensland y el Monash Sustainability Institute en Australia identificaron que comportamientos sencillos del día a día, que buscaban un consumo sostenible del agua, como por ejemplo tomar duchas cortas y recolectar agua lluvia para regar las plantas, podían terminar en la adopción de comportamientos más difíciles -pero significativos- en la conservación de este recurso. Por ejemplo, instalar dispositivos tecnológicos como sensores y temporizadores para lograr un uso eficiente del agua (Lauren et al., 2016).

Y es que adoptar un comportamiento inicial puede causar ese efecto “foot in the door” que desde los años 60 se señalaba como un mecanismo para motivar la acción individual hacia comportamientos más retadores. Bajo este efecto, completar un pequeño requerimiento puede conducir a llevar a cabo acciones más difíciles o retadoras (Freedman and Fraser, 1966). Tomando como base este enfoque, la investigación, diseñada por Claudia Arias y Carlos Trujillo**, buscó identificar si este efecto spillover podía darse entre comportamientos asociados al manejo de residuos.

Partiendo de la importancia de analizar comportamientos en el contexto real de adopción y sobrepasando las limitantes que surgen por los comportamientos auto-reportados (a través de encuestas), la investigación siguió un diseño experimental longitudinal en el que se intervino a una muestra de 58 personas y se analizó su comportamiento durante 2 meses. Esta muestra estuvo compuesta por individuos de diferentes edades, géneros, nivel de ingresos, educación y otros factores sociodemográficos, en la ciudad de Bogotá.

Durante la primera fase del estudio (4 semanas iniciales), una parte de la muestra (el grupo de tratamiento) fue invitada a adoptar en su rutina diaria el uso de bolsas reutilizables para hacer compras, siendo este, un comportamiento que, desde la complejidad objetiva y subjetiva, es considerado más fácil que otros asociados al manejo de residuos. La otra parte de la muestra (el grupo de control) no adoptó este comportamiento.

Al cabo de las primeras 4 semanas, ambos grupos fueron invitados a adoptar durante las siguientes 4 (segunda fase del estudio) el comportamiento de reciclaje, dentro y fuera del hogar. El reciclaje se considera una acción sostenible que requiere mayor información, acciones y resultados esperados por parte del individuo y, por lo tanto, es significativamente más complejo que el uso de bolsas.

Lo que se encontró en la investigación fue que efectivamente las personas que adoptaron el uso de bolsas reutilizables como parte de su rutina, durante las primeras semanas del estudio, fueron aquellas que tuvieron mayor frecuencia de reciclaje por persona en sus casas.

Así, los resultados de la investigación no solo concuerdan con lo que otros autores han afirmado sobre la posibilidad de vincular la relación entre comportamientos (efecto spillover) como un camino para lograr la acción proambiental. También, los hallazgos permiten aportar al análisis de un comportamiento específico, como el reciclaje, para facilitar su adopción.

Estrategias hacia un consumo sostenible:  por qué no empezar con la adopción del reciclaje

Hasta el momento, muchos factores han sido estudiados para entender qué contribuye a que la gente separe sus residuos. Sin embargo, poco había sido estudiado en la literatura del consumo sostenible acerca de cómo otros comportamientos relacionados con el reciclaje pueden ayudar a promoverlo.

Adicionalmente, saber que los comportamientos pro-ambientales, en sus características propias, guardan claves para contribuir a la adopción de otros similares, es un valioso recurso para orientar políticas y estrategias que, por ejemplo, perfilen los comportamientos sostenibles que quieren promover con base en su dificultad y usen dichos perfiles para emprender iniciativas que permitan que los individuos adopten este tipo de comportamientos gradualmente (de menor a mayor dificultad); es decir, que vayan de menos a más hacia el logro del reciclaje y otros comportamientos de consumo sostenible.

En un país como Colombia, en el que la tasa de reciclaje (17%) sigue estando muy por debajo con respecto a Estados Unidos y Europa (35% y 55% respectivamente), según cifras de la Agencia para la Proteccón Ambiental y la Agencia Ambiental Europea, encontrar caminos para fomentar este comportamiento y mejorar sus indicadores es fundamental. Más aún, cuando el reciclaje hace parte de los comportamientos asociados al consumo sostenible, y este, a su vez, es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 12), cuyas metas y cumplimiento al 2030 son de crítica importancia para la humanidad y para el planeta (United Nations, 2018).

Diversas organizaciones públicas y privadas están comprometidas con el logro de un consumo más sostenible, y en ese propósito han emprendido diferentes acciones para promoverlo. No obstante, muchas de estas acciones solo serán válidas si se logra una real adopción de comportamientos proambientales, entre ellos el reciclaje, por parte del individuo.

A partir de los hallazgos de la investigación realizada, las organizaciones podrían facilitar dicha adopción iniciando con la promoción de un comportamiento sencillo que, luego, permita que el individuo quiera ir más allá y adoptar comportamientos más difíciles, retadores y signficativos para el consumo sostenible.

El logro de este tipo de consumo sigue siendo un desafío para los distintos actores que buscan promover la sostenibilidad. Incentivar a la sociedad civil para ir gradualmente, de menos a más, podría ser un camino.

Claudia Arias

Profesora Investigadora CESA

**Profesor Investigador de la Universidad de los Andes

Referencias

Freedman, J.I., Fraser, S.C., 1966. Compliance Without Pressure. J. Pers. Soc. Psychol. 4, 195–202. https://doi.org/10.1037/h0025009

Hornik, J., Cherian, J., Madansky, M., Narayana, C., 1995. Determinants of Recycling Behavior: A Syntehsis of Research Results. J. Socio. Econ. 24, 105–127.

Lauren, N., Fielding, K.S., Smith, L., Louis, W.R., 2016. You did, so you can and you will: Self-efficacy as a mediator of spillover from easy to more difficult pro-environmental behaviour. J. Environ. Psychol. 48, 191–199. https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2016.10.004

Margetts, E.A., Kashima, Y., 2017. Spillover between pro-environmental behaviours: The role of resources and perceived similarity. J. Environ. Psychol. 49, 30–42. https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2016.07.005

Nilsson, A., Bergquist, M., Schultz, W.P., 2017. Spillover effects in environmental behaviors, across time and context: a review and research agenda. Environ. Educ. Res. 23, 573–589. https://doi.org/10.1080/13504622.2016.1250148

Thøgersen, J., 1999. Spillover processes in the development of a sustainable consumption pattern. J. Econ. Psychol. 20, 53–81. https://doi.org/10.1016/S0167-4870(98)00043-9

Truelove, H.B., Carrico, A.R., Weber, E.U., Raimi, K.T., Vandenbergh, M.P., 2014. Positive and negative spillover of pro-environmental behavior: An integrative review and theoretical framework. Glob. Environ. Chang. 29, 127–138. https://doi.org/10.1016/j.gloenvcha.2014.09.004

United Nations, 2018. Transforming Our World: The 2030 Agenda for Sustainable Development, Transforming Our World: The 2030 Agenda for Sustainable Development. https://doi.org/10.1891/9780826190123.ap02

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