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Nuevo plan de estudios: ‘el plan de vuelo’ para acrecentar las destrezas del futuro

Hace unas cuantas semanas, en una de sus columnas, Andrés Oppenheimer recordaba la historia del ‘veinteañero’ Walter Carr y su tenacidad.

Dispuesto a cumplir una entrevista laboral y ante la descomposición de su carro vísperas a esa cita, Walter Carr caminó toda la noche y casi 20 millas para poder llegar a tiempo.

Extenuado, en un andén de Pelham, Alabama, donde tenía la entrevista, relataba a un par de policías lo que había sido esa “peregrinación” hacia el “santo trabajo”. Un asunto de motivación y resiliencia; de adaptabilidad frente a las circunstancias.

Y justamente estos componentes, motivación y resiliencia, fueron dos en los que convergieron empresarios, gerentes y directores de las áreas de Talento Humano, Marketing y Financiera, 100 en total, reunidos por el CESA, para indagar sobre cuáles son las habilidades y competencias para los trabajos del futuro.

Pero no fueron los únicos. En efecto, ocho de cada diez subrayaron también asuntos como la comunicación asertiva, la tolerancia a la frustración, la negociación, el aprendizaje continuo, la autogestión, la empatía, el manejo del riesgo y la toma de decisiones en ambientes de incertidumbre como algunas otras de las habilidades que hay que fortalecer.

Asimismo, el análisis numérico y las destrezas comerciales son competencias profesionales a potenciar en el área de la administración de empresas, concluyó el centenar de empresarios y directores.

Importancia de las habilidades blandas

Es por eso que el CESA, con el propósito de sintonizarse con esa nueva realidad, diseñó una nueva malla curricular, en la que se destaca la importancia de las habilidades blandas.

Y si bien no se trata de haber constituido un plan de estudios con esas materias en específico, estos atributos, conocidos como habilidades blandas o habilidades del siglo XXI, son transversales en todos los estadios de la carrera. Desde diversos escenarios como el programa Ceopportunity, Lidera 3.0 -la Escuela de Liderazgo-, entre otros, se apuntalan dichas destrezas.

Henry Bradford Sicard, rector del CESA, lo describió recientemente así en el último número de La Nota Económica: “con las nuevas tecnologías, en particular Internet, las habilidades duras; es decir, conocimientos específicos, están a tan sólo un clic.

No obstante, saber liderar equipos de trabajo y conectarse con ellos, tener tolerancia al fracaso para sobreponerse ante las dificultades, ser creativos y empáticos, son algunas de las habilidades que hoy marcan la diferencia entre diversos profesionales, algunos de alto rendimiento y que generan valor a sus organizaciones».

Y agrega que según unas cifras de «un estudio de la consultora PwC para los países de la OCDE, por cuenta de la automatización se perderán cada vez más plazas de trabajo o empleos. Un 3% de los puestos estará en peligro de desaparecer en el corto plazo y dicho porcentaje subirá hasta el 21% en la próxima década, llegando al 34% a partir del año 2030.

Motivar y estar motivado

La buena noticia, en medio de este inquietante panorama, es que los robots y la inteligencia artificial aún están lejos de resolver situaciones que requieran habilidades socioemocionales tales como empatizar, aconsejar, dialogar, liderar, planear, negociar” o, como en el caso del joven Walter Carr, estar motivado o motivar.

De hecho, concluía Oppenheimer, quienes más motivados estén serán quienes conserven un trabajo formal frente a los atenuantes de la automatización. Ello resalta la importancia de las habilidades blandas.

El nuevo plan de estudios del CESA forma en saberes, valores y actitudes coherentes con la complejidad sociopolítica, económica, tecnológica que impone la modernización de las empresas del sector público y privado, en todos los órdenes y ámbitos de la globalización.

Así, el CESA ha estructurado una malla con adecuaciones en cuatro aspectos: comunicación e informática, gestión de lo humano, organizacional y marketing.

Para el primero, propende por abordar Tic’s y modelos para la toma de decisiones estratégicas.

En cuanto a la gestión de lo humano aparecen dos áreas dentro del currículo: transformación personal y transformación organizacional.

La primera tiene como propósito que el estudiante se conozca así mismo para que también pueda responderse: cuáles son sus dotes, cómo enmarcarse en su carrera, qué quiere ser y cómo quiere impactar, cuestionamientos que el alumno mismo debe resolver para él.

La segunda, que descifre cómo puede ser agente de cambio en un ecosistema organizacional y cuáles son esos pasos que tiene que dar para ser eficaz en el ejercicio de esas transformaciones.

Incidencia en políticas públicas

En el campo organizacional, aparecen las áreas de ‘Gestión para lo público’ y ‘Reto empresarial’, como elementos que verdaderamente aporten a la consolidación de tejido empresarial –la segunda- y al desarrollo de país –la primera-.

Con un país en transformación, para el CESA es claro que la academia debe formar profesionales que sean protagonistas de políticas públicas e incidan en un progreso generalizado.

Por último, figuran la gestión comercial y la gestión digital dentro de la dimensión del marketing, relevantes por el uso de las nuevas tecnologías, y porque en el mundo de la administración de empresas no puede haber un mejor CEO que aquel que haya “maletiado”.

A un clic de empezar la carrera hacia el liderazgo.

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