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El rol de las empresas sostenibles tras la COP26

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Enrique Gilles, docente investigador CESA

Hace unos días terminó, en la ciudad escocesa de Glasgow, la Conferencia de las Partes número 26, cuyos objetivos eran asegurar la carbono-neutralidad para 2050, hacer esfuerzos de adaptación para proteger a comunidades y hábitats naturales, y trabajar juntos para lograr estos objetivos mediante, entre otras medidas, la orientación de las finanzas hacia la economía verde.

Como en las 25 anteriores conferencias, mucho en juego para luchar contra el cambio climático y lograr un “espacio seguro para la humanidad”, como lo definen el científico Johan Rockström y colegas en un estudio ya clásico: necesitamos que la actividad económica de la sociedad opere dentro de los denominados “límites planetarios”, uno de los cuales es el cambio climático, foco en Glasgow.

Negacionistas pierden terreno

La reunión de las partes como siempre, plagada de buenas intenciones, tanto desde los diferentes gobiernos participantes como de algunas empresas globales (entre ellas, algunas petroleras). También con dificultades e inconformidad de parte de la sociedad civil, que no fue invitada a la conferencia.

En efecto, pensar en términos de sostenibilidad supone incluir a todos los grupos de interés, luego la COP26 trastabilló para hallar soluciones que dejen a la mayoría conforme.

Afortunadamente, quedan pocos negacionistas del cambio climático y están relegados en el estado actual de opinión. La evidencia científica es abrumadora y, como se afirma en el último reporte del IPCC, pasamos de escenarios sujetos a probabilidades a escenarios cada vez más ciertos sobre el futuro.

El futuro ya no es como era antiguamente. Es necesario descarbonizar la economía de forma urgente para evitar un calentamiento superior a 1.5 grados con respecto a los niveles preindustriales.

No nos queda mucho margen: ya vamos en un aumento 1.2 grados. Este artículo pretende dejar algunos elementos para la reflexión en torno a las posibles soluciones, con énfasis en el rol de las empresas.

Por un lado, los optimistas dicen que los avances tecnológicos se encargarán de forma autónoma del problema, algo que es cuestionado. Si bien es cierto la innovación está dando soluciones, el ritmo de implementación es demasiado lento para ser una respuesta eficaz al cambio climático.

Sin embargo, es esencial seguir canalizando los esfuerzos de innovación, y para eso la iniciativa privada es clave, junto con el apoyo prudente -pero basado en evidencia- de los gobiernos.

conclusiones-cop-26-Glasgow-int4 puntos tras las conclusiones de la cop 26 (Glasgow)

Otro eje central en las discusiones en la COP26 a atender es el de las responsabilidades. China y otros países en desarrollo son grandes emisores de gases de efecto invernadero (GEI): ¿significa esto que deben ser quienes enfrenten el mayor costo? La respuesta es negativa, por lo menos por cuatro motivos.

En primer lugar, el calentamiento global es consecuencia de la acumulación de GEI. Esto es un proceso de muchas décadas y estos países solo se han convertido en grandes generadores de GEI en los últimos años.

En segundo lugar, no es justo imponer la carga de la descontaminación a países emergentes que no han completado su proceso de desarrollo social.

(Le recomendamos: ‘Nearshoring’ para una reactivación económica sostenible).

Tercero, y unido con lo anterior, la globalización permitió -hace ya varias décadas- un fuerte proceso de deslocalización hacia el sudeste asiático, que hizo aumentar las emisiones en dichos países y al mismo tiempo las disminuyó en los países desarrollados.

Ahí no hubo un esfuerzo de las empresas globales para luchar contra el cambio climático, sino simplemente una estrategia de relocalización industrial, permitida por la globalización, pero cuyo objetivo principal fue aumentar la rentabilidad y generar grandes beneficios económicos para los accionistas de dichas empresas.

Actualmente, al hablar en términos de sostenibilidad, decimos que las empresas, además de atender el requisito de generar valor económico para sus accionistas, también deben incluir a todos los grupos de interés: clientes, proveedores, comunidades.

(Le invitamos a saber más sobre 4 énfasis que marcarán el futuro de la Administración de Empresas).

Por último, esta misma deslocalización hace que no nos demos cuenta que nuestras decisiones de consumo afectan a países lejanos.

Repensar nuestros estilos de vida

Por ejemplo, cuando compramos nuestro celular, estamos siendo corresponsables de emisiones generadas en la minería y diferentes industrias en otros países. Por esto, sería bueno complementar el análisis tradicional de las emisiones, basado en un enfoque territorial con el de la responsabilidad del consumidor.

Esto permitiría visualizar, además, que hay una tremenda desigualdad en la responsabilidad en las emisiones que no solamente es norte-sur sino también al interior de las sociedades.

La canasta de consumo del 10 % más rico suele explicar un porcentaje tan elevado como el 40 % de las emisiones de los países, lo cual nos debe invitar a reflexionar sobre qué tan sostenibles son nuestros estilos de vida.

En todos estos aspectos, las empresas sostenibles están llamadas a ser parte de la solución.

Enrique Gilles
Docente investigador CESA

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