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Los ‘pro’ de la evolución forzada hacia la virtualidad en la educación

El 2020 puso a prueba la capacidad de adaptación de todos los sectores de la sociedad.

Las restricciones que llegaron de la mano de la pandemia -sin dar aviso, ni tiempo de preparación- implicaron cambios inmediatos en diversos aspectos de la vida laboral, social, económica y académica.

Mientras unos tuvieron que transformar espacios y dinámicas para seguir funcionando de manera presencial, otros se vieron obligados a migrar a espacios virtuales de manera casi inmediata.

Este fue el caso del sector educativo que, en cuestión de una semana, se enfrentó al reto de garantizar la continuidad de su labor dentro de las nuevas condiciones. En el caso del CESA, la migración fue satisfactoria: más allá de eventualidades propias de lo incontrolable -como la intermitencia del servicio de Internet-, en pocos días todos los estudiantes estaban participando de sus asignaturas regulares.

Sin embargo, más allá de la efectividad o funcionalidad del cambio de plataforma, hay aspectos de fondo que deben analizarse.

A entornos virtuales

Cuando se trata de educación, es fundamental comprender que este cambio implica pasar a trabajar en entornos virtuales de aprendizaje; espacios que deben disponerse de manera estratégica, pues implican la adaptación de todo un sistema académico.

En este contexto, el reto que implicó la migración forzada generó cierto temor, incomodidad y amplias expectativas, tanto en los estudiantes como en los cuerpos docentes y administrativos de las instituciones educativas. Hoy en día, unos meses después de haber implementado las clases virtuales como modelo predominante en la situación actual, es posible analizar algunos resultados.

El presente texto se centra en aspectos positivos de la virtualidad en la educación superior, que no deben perderse de vista para cualquier escenario futuro, pues representan una oportunidad.

Decisiones en tiempo real

En el caso de los estudiantes, la virtualidad en la educación superior para el aprendizaje les ha permitido desarrollar habilidades y competencias que les serán útiles como futuros profesionales:

  • Trabajo colaborativo y construcción conjunta de conocimiento efectivos, con personas con quienes no han interactuado de manera presencial.
  • Adaptabilidad a situaciones y escenarios atípicos.
  • Aplicación de conocimientos adquiridos para la resolución de problemas inesperados y la toma de decisiones en tiempo real.
  • Autonomía en la apropiación de procesos de aprendizaje, autorregulación y manejo del tiempo.
  • Comunicación asertiva y creatividad en formatos multimedia.

Docentes, repensando métodos de evaluación

En el caso de los docentes, el diseño estratégico de clases y tareas les ha exigido y permitido enfrentarse a nuevas posibilidades:

  • Repensar los métodos de evaluación, con el objetivo de que representen una oportunidad formativa y reflexiva, más que calificativa.
  • Disponer lecturas, videos instruccionales y materiales didácticos, que los estudiantes puedan consultar de manera asincrónica, para que lleguen preparados al momento de encuentro. De esta manera, el aula virtual se aprovecha en tanto espacio sincrónico de discusión, interacción, análisis, práctica, intercambio de ideas y retroalimentación.
  • Ser estratégicos en la preparación de cada módulo de enseñanza-aprendizaje, para no sobrecargar a los estudiantes con exceso de tareas y exámenes; en cambio, utilizar los espacios de encuentro para acompañarlos y hacer seguimiento personalizado y exhaustivo a sus procesos de aprendizaje.Virtualidad-en-la-educacion-superior-1
  • Aprovechar las posibilidades de las herramientas tecnológicas para que los estudiantes participen de los avances y entregas de sus otros compañeros, de tal forma que aprendan los unos de los otros y se colaboren con nuevas ideas.
  • Hacer uso de recursos, como la grabación de las clases, para que explicaciones o instrucciones importantes queden disponibles para su posterior consulta.
  • Planear actividades que resulten dinámicas y motivantes, para que los estudiantes encuentren el sentido de los conocimientos adquiridos y lleguen a evaluar su propio proceso.

Eficiencia para las instituciones

De igual manera, la virtualidad en la educación superior permite a las instituciones optimizar recursos y reducir costos operacionales al:

  • Organizar eventos para todo el cuerpo estudiantil, docente o administrativo, en entornos virtuales que pueden ser igualmente funcionales y que no presentan inconvenientes en términos de disponibilidad de tiempo, desplazamiento, espacio o infraestructura (por ejemplo, ferias, reuniones masivas, actividades de bienestar universitario, encuentros para formación del profesorado, asignación de citas con los centros de apoyo en horarios a pedido, etc.)
  • Flexibilizar horarios, de tal forma que se puedan ofrecer servicios con una cobertura adaptable a las particularidades de los miembros de la comunidad.

 

Silvia Garavito Constantín

Docente Centro de Apoyo para la lectura, la oralidad y la escritura del CESA, DIGA.

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