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Un diagnóstico de los emprendimientos de la industria creativa y cultural

Cada vez parece más claro que la conexión con el ecosistema emprendedor incide mucho más que cualquier otro factor a la hora de sacar emprendimientos adelante.

Y cuando se habla de empresas o emprendimientos creativos y culturales, los factores de propósito, ligados comúnmente al talento personal, así como de confianza, son los otros que inclinan favorablemente la balanza en ese desafío.

Así se desprende de una investigación hecha por dos estudiantes del MBA del CESA, en desarrollo de su tesis de grado, con el objetivo de tratar de entender cuáles son las oportunidades reales de los emprendimientos de la industria creativa y cultura en el país (ICC), así como las variables que están pesando en esa apuesta y que hacen de la ecuación un resultado favorable o no.

Bajo el título Eureka, elementos para emprender en la industria creativa y cultural, Santiago Páez Giraldo, emprendedor y Project Manager de la aceleradora Pantera Makers; y Catalina Ruiz Vergara, Especialista en Gestión Humana de la Bolsa de Valores de Colombia, se propusieron a dar respuesta esencialmente a un par de interrogantes.

(Puede leer: El ecosistema de emprendimiento)

Qué tan fuerte es el relacionamiento de los talentos de la ICC con la dinámica empresarial y cómo crear una confianza en estos talentos para ser emprendedores.

En esencia, concluyen en su tesis, los emprendedores de esta industria están guiados por su vocación o talento, existe un desbalance entre el valor entregado y percibido, lo que genera que la valoración de atributos intangibles de dichos productos no se equiparen ni reconozcan, y hay una desconexión con el ecosistema, lo que dificulta toda la madurez y rentabilidad de los negocios de est industria.

Así las cosas, los emprendedores de la ICC saben incubar, pero no se han conectado debidamente con el ecosistema (financiadores, aceleradoras, mentores, concertar alianzas) para escalar y consolidar el impacto que quieren generar.

Emprendimientos creativos y culturales

El punto de partida fue Casa Santamaría, un ‘hub’ para la ICC donde confluyen emprendedores y modelos de negocio del sector creativo, para trasladarles metodologías de administración y de emprendimiento.

Al profundizar en cada uno de los estos, en todos los casos (cerca de una decena) los negocios carecían de juntas, los avances de estos se habían dado con recursos propios (familiares y amigos) y no reportaban haber tenido ningún acompañamiento de terceros o mentores.

(También: Las dinámicas de las aceleradoras)

A los ‘insights’ sustraídos de esos sondeos, se sumaron encuestas a empresas de esta industria con por lo menos 5 años en el mercado. Estas fueron elegidas de una base de datos abierta para propósitos académicos de la Cámara de Comercio de Bogotá. Hubo una recepción de las respuestas (completas) de 187 negocios.

Al tabular los resultados, en términos generales, el patrón se repitió.

Pero al discriminar los emprendimientos que reflejaban mayor estabilidad en sus dinámica y un nivel atípico favorable en su facturación, resaltaron por lo menos cinco en los que se repetían alguno o más de cuatro aspectos: una estructura con gobierno corporativo, generación de valor tanto cultural como económico, conexión con uno o más actores del ecosistema y lealtad a su vocación de sus fundadores.

Sí es posible: con tecnología y -sobre todo- con conexiones

Tres de esos cinco casos son Graffiti Tour, Vive Bailando y Artrade.

Apalancado en la redes sociales y el voz a voz, Graffiti se estableció como una manera para experimentar el turismo de una manera distinta, con encuentros en algunos puntos de Bogotá para conocer y vivir la explicación de la ciudad y su cultura (artistas urbanos con una producción que estaba desaprovechada).

Manejado con “propinas” al final de los tours, el volumen llevó a que se hicieran hasta dos al día. Graffiti Tour reveló cómo aprovechar el talento de la ciudad para crear un modelo de negocio turístico.

En el caso de Vive Bailando, su fundadora se formó en finanzas en el exterior, pero desde niña siempre había sido una amante de la danza, que también practicó en otro país. Aunque al regresar a Colombia se vinculó con una consultora, renunció por su vocación y empezó a enseñar destrezas de baile a los empleados de grandes organizaciones. Luego, montó su academia de baile en el norte de Bogotá.

Vive Bailando ilustra la importancia de apalancarse en los talentos propios para crear un modelo de negocio que se afianza gracias a su gobierno corporativo.

(Le recomendamos leer: Formación en emprendimiento aumenta las probabilidades de éxito).

Artrade, plataforma online de venta de arte, permite ejemplificar cómo las nuevas tecnologías abren inmensas oportunidades para los sectores de la ICC, además de la importancia de los recursos del ecosistema de emprendimiento para apalancar el crecimiento.

Y es que sus socias, graduadas en arte y que eran competencia, coincidieron en escenarios que son parte del ecosistema como el Centro de Innovación y Emprendimiento del CESA y en Apps.co, y que fueron punto de inflexión en lo que es hoy su negocio.

Lo que hay que atender para impulsar los negocios de la ICC

Según Catalina Ruiz, lo que puede estar impactando negativamente a emprendimientos creativos y culturales se debe más al desconocimiento sobre la caracterización del ecosistema (actores, cómo se relacionan y los alcances de la labor de cada uno) que a la misma desconexión con este. En otras palabras, esta se deriva del desconocimiento.

Para Santiago Páez, hay que romper el prejuicio de que no se puede vivir del arte, y taras como que no hay financiación disponible para modelos de negocio que tengan esa base, y que los inversionistas prefieren apalancar solamente emprendimientos de base tecnológicos.

(No deje de leer: Los 5 pasos ineludibles en el emprendimiento)

Justamente es por ese estigma que se produce esa asimetría entre el valor agregado frente al percibido, lo que fija aún más el paradigma de que de lo cultural o artístico es poco rentable.

En conclusión, hay que diseñar modelos de negocios que sean habilitadores de talentos, y hacer esfuerzos por explicar mejor el ecosistema al emprendedor en general y al emprendedor artístico en particular.

“Si las personas en mi entorno me brindan un tejido, un soporte para iniciar, voy a tener menos miedo al fracaso porque sé que hay una estructura social sosteniéndome”, puntualizó Páez.

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