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Las realidades que no está contemplando la ley de reforma a la educación

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27 Oct 2023

Cuando en el siglo XVI tuvo preponderancia y vigencia la llamada hidalguía, lo hecho con las manos, las manualidades, lo artesano, no se consideraba digno del hidalgo.

Se refería a aquellas personas que, aunque no tenían el poder de los nobles de más alto rango -y de hecho, sus beneficios comenzaron a desaparecer a medida que la monarquía española centralizaba su poder-, contaban con privilegios y exenciones fiscales a quienes podían demostrar su ascendencia noble.

Pero tal parece que esa herencia de ver con recelo ese tipo de actividades mecanizadas se arrastró por siglos; al punto que los abuelos de los que hoy están entre los 40 o 50 años, siempre insistieron en que había que ir a la universidad, obtener un título profesional y “ser alguien en la vida”.

Esto ha resultado cierto y funcionó, por lo menos hasta cierto punto. La realidad de hoy, con una disrupción de la tecnología que está impactando como nunca a la educación, es distinta, y quizás dicha mirada amerita un nuevo análisis.

Un análisis del que muchos opinan no parece verse reflejado en el proyecto de ley estatutaria para reformar la educación colombiana, en trámite legislativo, y que fue motivo de reflexión y discusiones en una mesa de expertos en el Instituto de Ciencia Política (ICP), para generar recomendaciones para que sean consideradas en el Congreso de la República.

Discutiendo la ley de reforma

Para varios de los expertos que se reunieron a tratar el tema, el proyecto, que reconoce la educación como un derecho fundamental, carece de claridad en algunos temas, no refleja algunos otros, y se centra de forma preponderante en lunares como la falta de acceso y de cobertura, pero que no son los únicos.

Uno de ellos es que no se refleja una flexibilización que facilite el engranaje de la formación técnica y tecnológica, de la educación para el trabajo y desarrollo humano, con la realidad del mercado laboral, la empleabilidad y lo que esperan las empresas.

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Juan Carlos Aponte, vicerrector de Gestión Académica del CESA, afirmó que, como está planteado el proyecto de ley, no se habla de una flexibilización del sistema de aseguramiento de la calidad.

Y añadió que (en el proyecto) se habla de garantías para los diferentes sujetos sobre los que recae la formación, pero no de cómo se va a garantizar su inclusión, su permanencia y, lo que es más complejo, “cómo se van a diseñar esos programas dentro de un sistema de aseguramiento de la calidad que es muy rígido, para -por ejemplo- personas de capacidades especiales”.

Todo indica que hoy la educación, la enseñanza/aprendizaje, debe responder a expectativas particulares, lo que es consistente con una formación no estandarizada -necesariamente- como así lo exige un sistema de acreditación.

Una educación a la que le falta calidad

Claramente, el país requiere una reforma al sistema educativo, que para los expertos no se resuelve solamente con acceso y cobertura, sino además con calidad en la educación, pertinencia y flexibilidad en los modelos educativos.

El hecho podría ser una percepción muy subjetiva, de no ser por lo que dicen las cifras.

Algunas asociadas a la calidad, por ejemplo, tienen que ver con las diferencias entre la educación pública y la privada.

“Las Pruebas Saber 11 reflejan una brecha de 24 puntos porcentuales entre la educación pública y privada, en favor de esta última. Ciertamente, no importa quien la oferte. Hay que garantizar es plena calidad”, manifestó la representante a la Cámara Marlén Castillo.

Probogotá, por ejemplo, hace una encuesta todos los años con Invamer sobre el mercado laboral en la capital y otros siete municipios de la región.

Sus resultados dan cuenta que solo el 14% de los empleados de las empresas encuestadas (alrededor de 300) manifestaron que las habilidades que hoy implementan en su trabajo las adquirieron en un entorno educativo.

En este sentido, se abre también una arista de discusión que es la del rol formativo de las empresas, pues en la actualidad las empresas, la llamada universidad corporativa -si se quiere-, son formadoras en el país, capacitando no solo a sus empleados porque consideran que es la forma como pueden ejercer mejor sus labores en el trabajo.

La encuesta multipropósito (que hace el DANE para Bogotá-Región) concluye, por su lado, que el 39% de los estudiantes cursan carreras profesionales en Bogotá y los municipios asociados. Sin embargo, cuando se contrasta con las cifras de las vacantes que presenta el Observatorio Laboral del SENA, se advierte que solo el 7% de estas vacantes obedece a perfiles profesionales, trascendió en la mesa de expertos.

En otra palabras, el sistema educativo está formando una masa de profesionales que no está logrando emplearse.

Educación técnica y tecnológica debe tener más protagonismo

Las carreras técnicas y tecnológicas parecen ganar terreno y, sin demeritar la importancia de una educación profesional, las empresas no ven con malo ojos contratar personas con destrezas puntuales para lograr los objetivos.

Según Jesús Dulce, director de Futuro del Empleo de Probogotá Región, la realidad del mercado laboral de hoy, afectado por el ya mencionado componente tecnológico y la globalización, “cuestiona un poco la necesidad que todos tengamos que formarnos en carreras profesionales. Hoy es cada vez más necesaria la formación en competencias con certificaciones; en un montón de saberes que hoy se requieren más e incluso están mejor remunerados que carreras profesionales”.

Así las cosas, uno de los muchos retos por los que hoy atraviesa la educación es hallar fórmulas que identifiquen mejor las habilidades que hoy está requiriendo el sector productivo, cómo formar mejor a niños y jóvenes, y actuar en consecuencia.

Natalia Ariza, directora de la división de formación técnica y tecnológica de la Universidad de los Andes, lo expresó así durante la discusión:

“Tenemos que evolucionar el modelo informal y que se articule (con el formal). Las IES, y lo decían los colegas del CESA, están ofertando certificaciones, microcredenciales, y esto no está contemplado en la ley estatutaria”.

En suma, no es poco lo que habría que revaluar sobre la reforma. Hoy se está necesitando otro tipo de educación, y las soluciones no se agotan con cobertura o -incluso- con la gratuidad educativa.

Y en todo caso, en un mundo con la velocidad en la que avanza, con más inteligencia artificial y automatización de por medio, y que inciden en el entendimiento y los saberes, más vale traer de presente a Óscar Wilde cuando afirmaba que "la educación es una cosa admirable; pero de vez en cuando está bien recordar que no puede enseñarse nada de lo que realmente vale la pena saber”.